27 de junio de 2013
El nadaísmo en Sevilla
Una mano / más una mano / no son dos manos / Son manos unidas /Une tu
mano a nuestras manos / /para que el mundo / no esté en pocas manos / sino en
todas las manos. Poema Revolución de Gonzalo Arango.
Eduardo Escobar dice acerca del nadaísmo: “Nació en 1958 en
Medellín con el lanzamiento del Manifiesto
Nadaísta de Gonzalo Arango. Significaba una revolución en la forma
y el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Tenían un extenso
programa de subversión cultural (estético, social, religioso), que apoyándose
en la duda y en elementos no racionales y teniendo como arma la negación y la
irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo continuo
buscaban el cuestionamiento de la sociedad colombiana”
Gonzalo Arango, fue el fundador del movimiento, y luego se agrupó con
los poetas Jaime Jaramillo Escobar (X ―504), Darío Lemos, Eduardo Escobar;
el novelista Humberto Navarro “Cachifo”; los cuentistas Amílcar Osorio,
alias Amílcar U y Jaime Espinel; el cineasta Diego León Giraldo; los hermanos
Jorge Orlando y Moisés Melo. Posteriormente llegaron otros como el poeta Mario
Rivero, la escritora Fanny Buitrago, Elkin Restrepo. Cali aportó a José
Mario Arbeláez Ramos, famoso con el apodo de Jota Mario Arbeláez y Elmo
Valencia que tenía por alias “El monje loco”. También muchos otros
artistas coquetearon con el nadaísmo como Álvaro Barrios, quien se
proclamó pintor nadaísta; los cantantes Pablus Gallinazus y Eliana;
los Yetis; el escultor Pedro Alcántara, la poeta Raquel Jodorowski
y muchos más.
Diego León Giraldo merece una mención especial por
tratarse del primer nadaísta sevillano. Jotamario Arbeláez, escribió el
siguiente texto: “Las esquirlas de Diego León. Uno de los Trece poetas
nadaístas ha muerto, Diego León Giraldo, quedamos nueve. Gonzalo Arango se
detuvo en el 76, Amílcar Osorio brincó hasta el 85, Darío Lemos cojeó hasta el
87. El nadaísmo, sin embargo, sigue tan campante con sus 39 años a cuestas
repartiendo etiquetas negras, y dejando que sus muertos enterremos a nuestros
muertos.
El hijo de don Honorio Giraldo nació en Sevilla (Valle) en 1940. Estudió
su bachillerato en el colegio Berchmans de Cali, de donde desertó para hacer
parte de la aventura espiritual y corrupta más grande de nuestra historia. Fue
uno de los fundadores del nadaísmo caleño, cuando Gonzalo Arango llegó a esa
ciudad con su gabardina. Nos reunimos en la imprenta de Pacho Mora, Alfredo
Sánchez, X-504, Dukardo Hinestroza, él y yo, a enterrar simbólicamente la
poesía. Después de las exequias llegaron Elmo Valencia, Pedro Alcántara,
Armando Romero, Augusto Hoyos, Jan Arb.
Con Alfredo Sánchez fundó el suplemento literario Esquirla, personero de
la vanguardia, que todos los domingos viene envuelto en El Crisol, como rezaba
la cuña. En un descuido del jefe de redacción le cambié el lingote de plomo, es
decir, le di el golpe de estado, cosa que espero haya olvidado antes de partir.
Perdimos el bachillerato en nuestros respectivos colegios, pero como él,
además de sagaz era adinerado, llegó a Bogotá con un diploma rutilante a
matricularse en sociología en la Universidad Nacional. Hizo parte de la
izquierda exquisita. Con una carpeta de fotos de archivo de Camilo Torres que
le suministrara Enrique Santos Calderón, se fajó el más impresionante documento
político sobre el heroico sacerdote, que tuvo mención destacada en la Historia
del cine mundial, editada en Francia por George Sadoul.
Simultáneamente con el cine, que le permitió retratarnos con toda sorna
en su documental Locombia, se apasionó por las artes plásticas. Fue modelo de
excelencia de Grau y amigo de los monstruos cardinales del arte contemporáneo.
Obregón, Negret, Ramírez Villamizar, campeaban por sus paredes. Enlazó en medio
de sus furores a una bella chica de Cali, Silvia Patiño, de donde desciende
Mara, su obra maestra.
Se quedó dormido en la soledad de su habitación y del sueño pasó a la
muerte sin despertarla. Sus hermanas lo encontraron entre los rollos de sus
películas y sus ensayos literarios, entre ellos el que narra el episodio del
sacrilegio de Medellín, en el que también participó Darío Lemos, y por el que
recibieron excomunión papal, luego dispensada.
Era una fuerza desencadenada de la naturaleza. Tuvo tiempo para hacer
del cuerpo una fiesta sin límites y del arte un culto a los cuerpos. Tenía una
sonrisa que ocupaba gran parte de su rostro y de su tiempo, para burlarse de
todo pero también para celebrarlo todo. Ante la boca de su tumba sus compañeros
nadaístas de toda la vida, Eduardo Escobar y Patricia Ariza, le echaban sus
últimas miradas con una pala. Aproveché para devolverle su lingote de plomo,
con su nombre como jefe de redacción de Esquirla. Habrá que ver si Dios nos
perdona”.
―Gonzalo, después de que hagamos el Festival Artístico de
Vanguardia en Cali, nos vamos para Sevilla, la tierra que me vio nacer―dijo
Diego León Giraldo
―Claro mi poeta ―dijo Gonzalo Arango―y agregó―En Sevilla hay mucho
nadaísta como Lisandro Duque, el pintor Álvaro López y los estudiantes del
Colegio General Santander. Ese pueblo es la Atenas cultural del eje cafetero.
Allí daremos inicio a la gira Post Festival.
―Me parece bien. Yo quiero que vaya Jotamario―dijo Diego León.
―Yo invito al Comandante Pablus Gallinazus, y le diré a
Lisandro que está en Medellín, para que coordine la venida de los Yetis.
Haremos un festival filosófico, poético y musical―dijo el profeta Gonzalo.
―Nos presentaremos en el Teatro Real, o en el Club Tres de Mayo donde se
divierte la burguesía cafetera o en el Club Los Arrieros donde bailan los
cocacolos de Sevilla o en todos esos sitios―dijo Diego León.
“Nos presentaremos juntos, todos contra todos donde sea, guitarras y
poemas, canciones de protesta, alaridos, convulsiones, la poesía en traje de
pelea, la guitarra tiene la palabra, somos los poetas de la pesada “, dijo
Gonzalo.
Los nadaístas estuvieron en Sevilla según lo relata Gonzalo Arango en
una misiva dirigida a X-504, al hacer un comentario sobre Jotamario
Arbeláez en el libro “Gonzalo Arango, Correspondencia Violada” del poeta
Eduardo Escobar: …”Ahora debe estar encamando a sus amadas en Cali, exhibiendo
el ojo tapado del Nadaísmo, o sea, una lengua del zapato de Gallinazo con la
que se fabricó un ojo tuerto para salir fotografiado en la primera página de
los periódicos como el Dayán de la revolución, el Mesías de la desesperación
redentora, el irresistible gigoló de la libido caleña… ¿Dónde estará? La última
vez que lo vi fue en un taxi que lo traía de Buga al final de nuestra
apoteósica gira post-festival por algunas ciudades, con ruidosos éxitos y
fracasos en Sevilla donde querían motilar a bala a los nadaístas. Él se
presentó muy Cristo con una corona de espinas de alambre de púas que se fabricó
en el camino a la medida de su locura, y allá insultó a todo el mundo, a todo
lo sagrado, a los godos, a los curas, al respetable público, a la literatura,
al pan, a la sal de la vida, a nuestro Señor Jesucristo sobre todo, y por nada
le hacen tragar el espinoso símbolo, pero de todas maneras se hirió las manos
con las púas”.
El antropólogo sevillano Edgar Álzate narra en su cuenta en Facebook:
“Yo estaba muy niño y los vi, Pablus Gallinazo vestido de Almirante con una
espada en la mano, Jota Mario con la corona; y el escándalo fue cuando leyeron
sus poemas en el antiguo Club Los Arrieros, donde bailaban los jóvenes de la
época, leyeron sus poemas escritos en un papel higiénico y eso fue el colmo
para la sociedad”. Estas acciones no son raras en los Nadaístas, al contrario,
es lo corriente. En septiembre del año 2008, la revista
Semana escribió: …”el nadaísmo, con sus posturas y blasfemias, ofendía a
la Iglesia. Varios de sus integrantes pasaron algunos días en la tenebrosa
cárcel de La Ladera, en Medellín. En 1959 le tocó a Gonzalo Arango, por
sabotear con otros nadaístas el Congreso de Escritores Católicos, reunido en el
paraninfo de la Universidad de Antioquia. Mientras repartían el Manifiesto a
los escribanos católicos, hicieron estallar bombas fétidas. Un año después, el
turno fue para Darío Lemos, Eduardo Escobar, Jaime Espinel y Diego León
Giraldo, por comulgar sin confesarse y dejar caer una hostia al piso en la
Catedral Metropolitana”. Los nadaístas vivieron de extravagancias en
extravagancias. La sección cultural del Banco de la República hablando de
Gonzalo Arango, publicó lo siguiente: …”convoca a sus amigos al parque
Berrío de Medellín y luego de leer un discurso escrito en papel toilette, discurso en que
elogiaba a Pablo Alquinta, jinete del popular concurso hípico del 5 y 6, en
detrimento de Miguel de Cervantes, procede a quemar los libros de su
biblioteca. Acto semejante, o el mismo acto ―la crónica, infortunadamente, no
es muy exacta―, se repite en el atrio de la Universidad de Antioquia, como
parricidio simbólico enfrente de su propia casa de estudios, y en uno de ellos
arroja al fuego el manuscrito de su primera novela”, y en Cali proponen
cambiar el busto de Jorge Isaacs por el de Brigitte Bardot.
Dicen algunas personas que asistieron al Post-Festival Artístico de
Vanguardia en el Club los Arrieros que allí se presentó Gonzalo
Arango el “profeta” de la nueva oscuridad; el poeta Jotamario Arbeláez; los
cantantes Pablus Gallinazus y los Yetis, y el cineasta Diego León Giraldo. El
“profeta” leyó su Manifiesto Nadaísta: …”Hemos renunciado a la esperanza de
trascender bajo las promesas de cualquier religión o idealismo filosófico. Para
nosotros éste es el mundo y éste es el hombre. Otras hermenéuticas sobre estas
verdades evidentes carecen de sentido humano. Las abstracciones y las
entelequias sobre el Ser del hombre, caen en el domino de la especulación pura
y del simbolismo metafísico, producto natural del anhelo del hombre por
trascender su entidad concreta, y fijarla en una forma ideal, más allá de todo
límite espacial y temporal. Este anhelo corresponde a su naturaleza idealista y
poética que quiere cristalizar la esencia del Ser en lo absoluto, en el eterno.
Proponer esa ilusión para después de la muerte es la misión de las religiones
[…] Destruir un orden es por lo menos tan difícil como crearlo. Ante empresa de
tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. La
aspiración fundamental del Nadaísmo es desacreditar ese orden […] En esta
sociedad en que la mentira está
convertida en orden, no hay nadie sobre quién triunfar, sino sobre
uno mismo. Y luchar contra los otros significa enseñarles a triunfar sobre
ellos mismos […] La misión es ésta: No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su
sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será
examinado y revisado. Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia
la revolución, y que fundamente por su consistencia indestructible, los cimientos
de la sociedad nueva. Lo demás será removido y destruido. ¿Hasta dónde
llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no
llegar es también el cumplimiento de un destino”.
Después Jotamario Arbeláez se presentó en la tarima con su corona de
alambre de púas ciñéndole la cabeza, con una túnica blanca sobre su
cuerpo, con guantes rojos, medias rojas y con un malabarismo mágico
el poeta sacó del bolsillo de su vestimenta un rollo de papel
higiénico, y con voz ronca declamó sus escandalosos poemas: Vulva, culo y
nalgas, los cuales alebrestaron el pudor provinciano: “Vulva: Henos por fin en
el lugar de los hechos. / Púrpura y arremolinada como Maiacovski / allí
también la anatomía se ha vuelto loca. / Surco celestial / y creador
de enervamiento. / La estalactita canta durante la noche / restregada por mi
pata de grillo. / Y más adentro sensaciones: calor, / óxido húmedo,
/ rasguño. / Rozadura, pequeños aletazos. Y el olor de oro de mar / en la
nevera. Culo: Complemento genial. / Urano reducido al ojo erótico. /
Lujoso lulo para la lujuria. /Oscura inclinación. / Territorio extensísimo:
moneda / de a centavo de cobre, / paraíso /sumersión de gaviotas
extraviadas. / En ella se dilata y está vivo. / Violento y vivo y
dúctil y agresivo. Nalgas: Nalgas de par en par / o pergaminos / para
leer antiguos / reclinados/ como en las neronianas bacanales. / Burbujas
que el amor / infla / en sus ratos más ociosos y gratos. / Cojinetes / de
mejillas / y abiertas para el ósculo / del labio y de la lengua enardecida”.
Días después Gonzalo dijo acerca de Jotamario: “Está muy loco, en el
grado más alto de lucidez que le conozco. Una vorágine, un cataclismo, una
catarata, un orgasmo. Un temblor de tierra, un kilo de marihuana, un falo
insaciable, la mejor espalda para crucificar este planeta por el sexo.”
Pablus Gallinazus o el Comandante, como le gustaba que lo llamaran, se
presentó en tarima disfrazado de Almirante con espada al cinto y tocando
su guitarra empezó a cantar: “Estas son las historias del cielo y de la tierra,
del hombre que cansado de recoger su cosecha, decidió multiplicar los panes y
los vinos por una metralleta: Camilo Torres”. Luego cantó: “Hay un niño en la
calle”, “Una flor para mascar”, “La mula revolucionaria, “Destino la guerrilla”
y “Cinco balas. “Gallinazo estuvo cumbre con sus canciones de protesta, con su
espada mohosa de la Guerra de los Mil Días que era de su abuelito, un general
godo de la patria boba, de la época del honor”, dijo Gonzalo Arango y agregó:
“Gallinazo está tan loco que ahora anda diciendo que es el ministro de guerra
del Nadaísmo”. Los Yetis llegaron con el grupo completo: Juan
Nicolás Estela, Iván Darío y Juancho López―hermanos― Norman Smith y Hernán
Pabón. Juan Nicolás es el heredero del apellido Estela de Cali, de los
criadores de reses bravas de la ganadería Ambaló. Cantaron, “La chica del
billete, “Revolucionando”, “Cumbia a go-go”, “La plaga”, “Lupe”, “La
Bamba”, “Llegaron los peluqueros” y “Satisfacción”; según Juancho López, el
legendario cantante de los Yetis, en su trabajo “La nueva ola
colombiana” dice: …”el grupo estaba de gira, y en Armenia nos encontramos con
Lisandro Duque, después conocido hombre del cine nacional
quien en esa época juvenil militaba como nadaísta, lo mismo que el
pintor Álvaro López, ambos de Sevilla, Valle. […] En Sevilla, Valle, anduvimos
en una camioneta, en la cual yo mismo conducía y perifoneaba por toda la ciudad
anunciando el espectáculo”. Los Yetis en filosofía eran nadaístas y en música
representaban el naciente movimiento a go-go, y con esa influencia
hicieron un álbum musical llamado: nadaísmo a go-go.
”La fusión del Nadaísmo y el Go-Go fue una experiencia; esa juventud es la
heredera del Nadaísmo en el campo de la música […] ellos han hecho la
revolución en el ritmo como nosotros en la literatura y en la vida. Los gogós
son nuestra degenerada descendencia”, escribió Gonzalo Arango. Más tarde todos
cantaron “No mates las amapolas”, canción “que adoptamos en el Festival
como la Internacional Nadaísta, nuestro himno de guerra. Lo cantábamos todos en
los escenarios, en los estadios, en los rings de boxeo, en los burdeles, en las
calles, en las plazas de mercado”, escribió años después Gonzalo Arango.
Esta canción fue compuesta en letra y música por Elmo Valencia.
Diego León Giraldo, presentó su documental sobre Camilo Torres el
cual fue muy aplaudido por la concurrencia y como una sola voz cantaron en coro
la canción “Cruz de Luz” del cantautor uruguayo Daniel Viglietti,
popularizada por el cantante chileno Víctor Jara: “Donde cayó Camilo / nació
una cruz / pero no de madera / sino de luz / lo mataron cuando iba / por su
fusil / Camilo Torres muere / para vivir. / Cuentan que tras la bala / se oyó
una voz / era Dios que gritaba: / Revolución”.
En medio de ese jolgorio los nadaístas armaron sus “cachos” de marihuana
y con su humo contaminaron la juventud sevillana que tampoco hizo mucho por
evadirse de la caverna filosófico musical. Ese fue el día en que los sevillanos
conocieron la “yerba”.
Rafael Duque Naranjo comenta que después de la presentación de los Yetis
se fue con ellos a celebrar el éxito a “Luces de Buenos Aires”, porque en esa
época toda persona que venía a Sevilla quería conocer ese lugar Cantaron,
bailaron con las hermosas niñas del lugar y para calmar el hambre, la
Chichimoca les trajo una olla con arroz atollado que era la especialidad del
lugar. Juan Nicolás Estela se acercó al comedor y mirando el arroz con su
único ojo bueno, pues el derecho era de vidrio, preguntó: “¿qué es esto tan
bueno?”, y en un acto de locura tiró el ojo de vidrio a la olla y gritó:
“¡ojito sudado para todos!”, luego lo sacó, lo lavó y se lo puso en la cuenca
de su ojo.
Rafael no solo fue amigo de los Yetis sino de otros poetas
nadaístas. Elmo Valencia el “Monje loco”, le envío un poema finamente
impreso con una hermosa ilustración de la serie Eróticos del pintor Pablo
Picasso.
―Rafael, te mando un poema de mi autoría. Va
debidamente autografiado, y quiero que lo leas durante el espectáculo
―Listo “Monje Loco”. Tú sabes que yo tengo buena voz para declamar. La
audiencia va a quedar electrizada. Esto va a ser la revolución de las fuerzas
desarmadas con la explosión de la lírica.
Pero Rafael no leyó ningún poema por estar coordinando la visita de los
Yetis a “Luces de Buenos Aires”. Este es el poema el Arte de amar de Elmo
Valencia: “Si hacemos el amor /encima de un puente / es posible que el puente
se caiga / Si lo hacemos en un arrozal / la humanidad se quedará sin arroz
/durante un siglo / Si lo hacemos encima de un huevo / pobre huevo / Y si lo
hacemos frente a un cuadro de Picasso / al instante un embarazo / Si lo hacemos
en el baño de un avión / ese avión no llegará nunca a su destino / Si lo
hacemos en un automóvil / último modelo / existe la posibilidad de que el
automóvil haya sido robado / Y si lo hacemos debajo de un árbol / es
posible que un pájaro / nos cague / Para no tener ninguno de estos
inconvenientes / lo mejor que podemos hacer tu y yo / yo y tu / es
hacerlo aquí donde nos encontramos / abrazados desnudos / hasta que la muerte
nos separe.

